El 3 de octubre de 2018 una sentencia condenaba a prisión por los sobornos recibidos en tarjetas black a varios altos cargos de los sindicatos UGT y CCOO e incluso de partidos de la izquierda reformista como el PCE, IU o PSOE. La propia justicia de la clase dominante sacaba a la luz trapos sucios que exponen hasta donde llegan las redes clientelares de la patronal, hasta el bolsillo de las cúpulas de los grandes sindicatos amarillos.
La imagen del sindicalismo en España ha sido arrastrada por derroteros humillantes. El legado de los trabajadores mas consecuentes y combativos que históricamente se organizaron y organizaron a la clase obrera, ha sido sepultado bajo montañas de basura. Desde hace demasiado tiempo el nombre del sindicalismo en España está unido a la corrupción, la burocracia y la traición a los intereses de la clase obrera. Los sindicatos se han convertido en estructuras anquilosadas donde hasta los propios sindicalistas de base se ven arrastrados por la corriente de la conciliación impuesta. Lo que en otros tiempos fueron herramientas de lucha, con acciones capaces de poner contra las cuerdas a la Patronal, son hoy un apéndice mantenido y controlado por el Estado, en el que el pacto y la subvención prevalece sobre la defensa de los trabajadores.
¿Acaso se puede permitir que los sindicatos sigan en manos de parásitos? No, frente a los abusos permanentes y criminales del capitalismo no es una opción renunciar a la organización sindical. Hacerlo es renunciar a la organización básica de los trabajadores y al avance de todo el movimiento obrero. Los sindicatos nacieron en torno a la lucha por mejorar las condiciones de vida y, frente a la resistencia de la Patronal a ceder sus privilegios, quedó en claro que la firmeza es la única vía posible para conquistar avances. Si hoy se ha sustituido esa firmeza por el servilismo, nuestra tarea no puede ser otra que reconstruir el movimiento obrero sindical en España.
Pero la situación debe ser enfocada con gravedad, y como primer término debemos señalar la necesidad un proyecto nuevo y transformador, que una a los sindicalistas honestos y combativos y a todos los trabajadores que han desistido de organizarse en torno a un proyecto común, en torno a una nueva fuerza sindical revolucionaria dispuesta a dar la batalla real.
En este sentido el Frente de Obreros en Lucha no nace como tres siglas más. Entre el mar de grupúsculos existentes en la actual izquierda progre, acomplejada y posmoderna debe convertirse en la herramienta que triunfe sobre el sindicalismo amarillo y devuelva los sindicatos a manos de la clase obrera, dando a los trabajadores en España la capacidad de recuperar el control de su futuro y de defender su pan y el de sus hijos.
El elemento clave que permitirá al FOL crecer y convertirse en la referencia sindical será siempre la línea y política sindical de clase, construida sobre los principios y el compromiso ideológico, en la teoría y en la práctica. Dotar realmente a la lucha sindical de un objetivo más allá del caso concreto, uniendo a los trabajadores no solo en la defensa de su puesto de trabajo, sino en los intereses de la clase obrera en su conjunto, mediante la acción colectiva, la organización y la solidaridad obrera, en esto reside el valor político del FOL. Pero este no se sitúa al margen del resto del movimiento obrero, es una parte más de él, una parte decisiva. Sus acciones, objetivos y proclamas no deben reducirse al ámbito laboral, sino dirigirse a todas las organizaciones políticas y sociales de los trabajadores para construir política obrera.
No olvidamos tampoco que el ejemplo y la constancia diaria deberá ser la seña de identidad de un proyecto de este calado. Frente a quienes pretendan claudicar nosotros seguiremos luchando, frente a quienes pretendan pactos de migajas nosotros exigiremos lo que pertenece a los trabajadores, y frente a quienes se vendan nosotros permaneceremos íntegros. El FOL debe ser el reflejo del sindicalismo que queremos construir, y debe ser un ejemplo sólido y continuo en nuestras filas. Esta es la esencia del sindicalismo revolucionario que pretendemos levantar.
¿Debemos en este sentido renunciar a aplicar nuestra línea mas allá de nuestra organización? No, nuestro trabajo llegará allí donde se encuentre la clase obrera, inclusive si esta se encuentra aun en el campo del sindicalismo amarillo. Sin renunciar a los principios, ni rebajar el mensaje, podemos decir honestamente que se ha de trabajar con todos los grupos coherentes, fortaleciendo las posiciones de clase. Nuestro proyecto se dirige a los trabajadores que no están organizados, pero también a los que lo están, no desde el entrismo, sino desde la alianza sindical y la unidad, sumando fuerzas con sindicatos independientes, secciones sindicales, exsindicalistas, etc. Luchamos por la alianza sindical de todas aquellas organizaciones del sindicalismo que busquen reconstruir ese movimiento y romper con el amarillismo y la desorganización. Nuestra vía para dar forma a esta alianza es y será el apoyo, trabajo conjunto y solidaridad con las fuerzas del sindicalismo honesto.
Si durante muchos años los trabajadores tuvieron que afrontar como aquellos que debían defenderles les dieron la espalda a cambio de favores, poder y privilegios, nosotros haremos que por fin tengan una alternativa para sus intereses, sin medias tintas, sin mentiras, sin trapos sucios. El Frente de Obreros en Lucha comienza a abrirse paso entre los escombros, dispuesto a conquistar avances y vertebrar una organización que haga frente de nuevo a las embestidas de la Patronal. Dispuesto a construir un futuro sin explotación del hombre por el hombre, un futuro para los trabajadores.