La UE, el bloque al que pertenecemos, es quien más destruye nuestro futuro. La firma del tratado de Maastricht fue la firma de la venta de la soberanía e independencia de nuestro país. Pertenecer a ella implica en primer lugar la pérdida de capacidad política del país pues, bajo el amable concepto de intereses generales de la UE, se impone la aplicación de las leyes comunitarias que suponen la pérdida de derechos y autonomía para decidir sobre el rumbo del país. A esa dependencia política le sigue una criminal dependencia económica que se construye sobre la deuda de las ayudas, la imposición de recortes que benefician únicamente a los bancos y la destrucción de la base productiva del país. Esta destrucción se refleja en dos hechos clave, la desindustrialización forzada y la ruina del campo español.

La desindustrialización supone que el Estado no intervenga defendiendo y apoyando nuestra industria, que quede a merced de la competencia brutal de los países más desarrollados. Por otro lado, se lleva a cabo una desindustrialización forzosa en la que los restos de nuestra infraestructura se reparten entre grandes accionistas, mientras se fuerza a España a ser un país terciario, dependiente de la producción de otros. Se nos condena a ser una colonia de servicios, mantenida por el turismo de los grandes ricos, que convierten nuestros pueblos y ciudades en ferias del malvivir y a España en el país de los contratos temporales y el turismo de borrachera.

Extracto del Informe sobre la situación de España.

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Unión Europea destruye nuestra industria