¡Cuánto revuelo se ha creado posteriormente al fracaso de la investidura de Pedro Sánchez en segunda vuelta! Unos echan la culpa al PSOE, los otros a Podemos, unos hablan de izquierda responsable, otros de izquierda radical, parece que somos los únicos que veían claro desde el principio que esto iba a pasar.

Ni el PSOE es la izquierda responsable, ni Podemos es una fuerza transformadora. Ambos son la izquierda del sistema, una actúa sin careta y la otra con ella, pero en esencia defienden los mismos intereses, se están disputando un espacio que comparten y se juegan más de lo que la gente se piensa, pues Podemos se encuentra en plena crisis y cualquier paso en falso puede llevarles a la debacle absoluta.

Pablo Iglesias sabe a la perfección que entre dos opciones más o menos iguales, la gente siempre se queda con la que es más grande, con la que tiene más capacidad, con la que puede hacer algo. En el proceso de este último año de acercamiento al PSOE, Podemos ha perdido la imagen que tenía. Han pasado de casi sobrepasar al PSOE a ser un apéndice del mismo, necesitan entrar en el gobierno, necesitan marcar diferencias para que la gente les reconozca y les vote, y con cualquier ministerio no va a pasar, por eso están tan insistentes en no aceptar la propuesta que les hicieron. Necesitan más, su supervivencia depende de ello.

Nos hemos encontrado con las miserias de la izquierda progre, donde los programas y los principios tienen poca cabida, y en cambio el reparto de puestos ocupa toda la centralidad de la negociación. Lo que les mueve no son los principios, sino el dinero y la posición que puedan ocupar.

Hemos vivido un circo, un intento muy triste de forzar apoyos con negociaciones en el propio debate de investidura, pero que nadie se equivoque, el circo no ha hecho más que empezar. Aunque el PSOE diga que la puerta a negociar con Podemos está cerrada. Es todo demagogia y presión, en septiembre llegaran a un acuerdo, porque ninguno de los dos partidos está dispuesto a renunciar a la cuota de poder que les garantiza la correlación de fuerzas actual en la cámara del Congreso.

Y mientras ellos siguen perdiendo el tiempo para repartirse sillones y cargos, los problemas que afectan a la clase trabajadora en España siguen existiendo y agravándose. No hay solución con esta izquierda progre y reformista, es necesario el fortalecimiento de una fuerza política obrera que de verdad rompa con todo lo establecido y que de verdad lleve a cabo una política coherente, honesta y revolucionaria, y esa fuerza es el Frente Obrero. Somos la última esperanza frente a la decadencia que nos rodea.

 

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