El próximo diez de noviembre se repetirán elecciones generales en España, desde que PSOE y Podemos se mostraron incapaces de formar un gobierno. Una segunda farsa electoral en la que los partidos del sistema evidencian su verdadera naturaleza oportunista mercadeando con promesas de todo tipo. Simultáneamente continúan sin resolverse los principales problemas del país y de los trabajadores, que, además, empeoran en casos como el del paro, la corrupción o la situación en Cataluña.

Vemos como el PSOE, decidido al gobierno en solitario cueste lo que cueste y tildándose de ser los únicos que quieren la estabilidad en España, han pretendido ponerse la careta progresista y rascar votos con maniobras como la exhumación de Franco. El partido de Pablo Iglesias por su parte continúa luchando por ser llave de gobierno y demostrando que su único objetivo es la lucha por tener presencia institucional para legitimar su programa reformista, alimentando con ello el auge de la extrema derecha. Además, el fracaso del bloque de la izquierda reformista no ha impedido que nazcan nuevas fracciones como Más país, versión progre de ciudadanos, dispuesta a robar votos entre medias del PSOE y UP, y a continuar la misma línea de seguidismo a movimientos y luchas parciales que sus predecesores.

Por su parte, Partido Popular, Ciudadanos y VOX centran toda su campaña en hablar sobre la unidad España y tildarse como los salvadores de la patria contra el secesionismo catalán. Un nacionalismo al que reviven y fortalecen cuanto más reprimen y criminalizan, haciendo que la situación en Cataluña adquiera nuevas dimensiones de conflictividad social. Su política económica y social destaca por un cada vez más claro discurso de liberalizar la economía y los servicios básicos. Es así como los vendepatrias afirman, en nombre de la nación, que la única forma de prosperidad es la de dejar el empleo y las necesidades sociales en manos de los intereses particulares de las élites decadentes.

Sin embargo, el hecho más relevante hasta el momento es la caída ininterrumpida de la intención de voto, augurando una abstención récord de más de un tercio de la población. El aumento de la abstención refleja hasta que punto los españoles están cansados de una política basada en pactos secretos, reparto de sillones y propaganda falaz. La tarea de quienes apostamos consecuentemente por la transformación social y un futuro de progreso para España es convertir ese hastío en organización y lucha obrera de cara al próximo escenario político.

Desde el Frente Obrero continuaremos construyendo la alternativa obrera que no existe y que tan necesaria es en el momento actual. Nuestra posición será la de la abstención en el voto mientras no exista esta opción obrera, y al mismo tiempo, el llamamiento a reforzar nuestra lucha y la unión todos los trabajadores de España bajo nuestro programa de progreso, justicia social y soberanía nacional.

 

5 de noviembre de 2019

Comité pro-Frente Obrero España

 

 

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